¿Para quién trabaja el VAR? Análisis debido a la no revisión del VAR en el claro penal de España contra Uruguay
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El VAR nació con una promesa: hacer el fútbol más justo. La idea era simple. Si el árbitro no veía una jugada importante, un equipo de personas con acceso a todas las cámaras corregiría el error. En teoría, la injusticia disminuiría.
Pero la gran pregunta que hoy se hacen millones de aficionados es otra: ¿para quién trabaja realmente el VAR?
Cuando un árbitro se equivoca en una fracción de segundo, cualquiera puede comprender que es un error humano. La velocidad del juego, la posición y la presión influyen. Sin embargo, el VAR no tiene esa excusa. Dispone de tiempo, repeticiones desde distintos ángulos y la posibilidad de detener el partido para revisar una acción.
Entonces, ¿cómo se explica que jugadas evidentes ni siquiera sean revisadas?
En los últimos días, muchos aficionados cuestionaron la ausencia de revisión de un supuesto penal en el partido entre España y Uruguay. También generó debate una fuerte infracción de Lionel Messi en otro encuentro que, para muchos, merecía al menos una revisión por posible tarjeta roja o una sanción mayor. Más allá de si cada decisión era correcta o incorrecta, la sensación que queda es la misma: la falta de transparencia.
Y cuando la transparencia desaparece, aparecen las sospechas.
El fútbol moderno mueve miles de millones de dólares. Las selecciones más populares generan mayores audiencias, venden más camisetas, atraen más patrocinadores y producen mayores ingresos televisivos. Esa realidad económica hace inevitable que algunos aficionados se pregunten si, consciente o inconscientemente, existe una protección hacia quienes representan un negocio más grande.
No existen pruebas públicas que demuestren que el VAR favorezca deliberadamente a determinados equipos o selecciones. Sin embargo, la confianza no depende solo de que el sistema sea honesto; también depende de que parezca honesto.
Hoy, muchas decisiones del VAR siguen siendo poco transparentes. En la mayoría de los torneos no se publican las conversaciones completas entre los árbitros de cabina y el juez principal, ni existe una explicación inmediata para el público sobre por qué una jugada fue revisada... o por qué nunca se revisó.
Si el VAR tiene acceso a todas las imágenes y aun así decide no intervenir, la discusión deja de centrarse en un error de apreciación y pasa a centrarse en el criterio utilizado. Ese criterio, muchas veces, permanece oculto.
Quizás el verdadero problema ya no sea el VAR.
Quizás el verdadero problema sea que nadie sabe quién controla al controlador.
Porque la tecnología no elimina la polémica si quienes la utilizan no rinden cuentas. Y mientras las decisiones sigan siendo opacas, la pregunta seguirá creciendo en cada estadio y frente a cada televisión:
¿El VAR trabaja para la justicia deportiva... o para proteger los intereses más poderosos del fútbol?